HOTELES: ESPACIOS DE CONVIVENCIA Y PARTICIPACIÓN

Las inercias cotidianas de la sociedad pueden hacer creer que la educación se reduce simplemente a la enseñanza instructiva ofrecida en centros  educativos. Sin embargo, educar es más que instruir, es humanizar, y esto lo pueden llevar a cabo otros espacios, como pueden ser los hoteles. En una educación integral y humana la participación cobra un valor muy importante, ya que implica propiciar escenarios en los que sea posible aprender a tomar parte en todos los aspectos que comporta la vida social. Un ejemplo de todo esto lo encontramos en los hoteles  con un buen funcionamiento, pues  pueden hacer que mejoren los ideales de felicidad y convivencia,  fundamentales en la sociedad actual.

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Y son estos ideales los que buscan las familias que visitan los hoteles con ansias de vivir experiencias diferentes a las habituales .A través de los servicios que nos ofrecen estos establecimientos (deportes, juegos, espectáculos…), los miembros de una familia pueden mejorar sus relaciones. En este sentido un buen hotel se puede convertir en una auténtica terapia familiar.

Por otro lado, estas familias tendrán la oportunidad de  compartir y respetar  un lugar común con otras procedentes de diferentes lugares del mundo, lo cual es doblemente enriquecedor, puesto que cada ser humano es transmisor de su cultura, la cual se expresa como parte de su identidad. A su vez, esto permite una ampliación de los vínculos entre grupos culturales diversos, exigiendo tolerancia y flexibilidad para comprender y adaptarse a nuevas situaciones.

No cabe duda de la contribución educativa que, en este sentido, pueden tener estas “pequeñas ciudades”, ya sea por promover la interculturalidad, por mejorar la participación, por  respetar unas normas de funcionamiento…

Como ejemplo de todo lo expuesto anteriormente podría hacer referencia a una experiencia vivida hace unos años con un grupo de alumnos. Durante el transcurso de un día pudimos disfrutar de todos unos servicios  que un personal implicado se esforzaba en ofrecer. Un día que se preveía sólo de ocio y convivencia  se convirtió en toda una actividad educativa, donde incluso algunos de estos jóvenes  vieron un posible futuro profesional. Ha pasado un tiempo y todavía me preguntan: “Profe, ¿cuándo volvemos al hotel?”. Ante esta pregunta sólo cabe añadir que, sin lugar a dudas, un hotel se puede convertir en toda una experiencia inolvidable.

Mª Virginia Pérez Díaz

Profesora de Lengua Castellana y Literatura

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